En el 2002, Pedro tenía 17 años y como miembro de la comunidad indígena arhuaca, caminaba por la Sierra Nevada de Santa Marta, sin ningún temor. Sin embargo, a mediados de ese mismo año cuando acababa de cumplir años, paramilitares del frente Mártires del Cesar lo engañaron diciéndole que le iban a dar un buen trabajo y se lo llevaron a la vereda Los Antiguos, donde los paramilitares tenían una base.

Pedro al igual que Ramírez, el paramilitar que le salvó la vida a Victoria fue engañado para hacer parte de las filas de los grupos paramilitares. El reclutamiento de menores por parte de los grupos armados ilegales truncó la vida de cientos de niños y adolescentes que fueron obligados y amenazados. Los paramilitares y guerrilleros se valieron de las pésimas condiciones sociales y educativas en las que vivían prometiéndoles un supuesto mejor futuro peleando una guerra que no les correspondía.